cierta vez: extraño el rostro.
Nada dijo. Marchamos:
cada uno de nosotros, en silencio, fijo en el otro
. Como un río corriendo extrañamente
pasaban nuestros pasos.
Nos juntaron, en nombre de esta hoja golpeando en el viento,
las raíces. Y éramos como un bosque
escrito por la tierra, regado por todas las estaciones,
al separarnos.
¡Oh niño que yo fui, avanza, ven!
¿Qué será lo que, ahora, puede juntarnos?
Y
¿qué vamos a decir?
Siria 1930-
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